Tras más de dos años de obras de la MetroGuagua -empezó en junio de 2017-, está pendiente un análisis objetivo de los avances dados y de su situación real a día de hoy, a ser posible sin el edulcorante de la publicidad institucional que endulza a todos los medios de comunicación. Junto a ello, se hace necesaria una explicación rigurosa y pública de su marco de financiación, asunto de enorme preocupación para los que sabemos que a día de hoy es el crédito del BEI -a devolver- el que está asumiendo, casi en su integridad, los enormes costes que está teniendo el proyecto, sobre todo al tener en cuenta los nubarrones que se avecinan en la situación económica general y sin que certeza alguna exista en las aportaciones futuras del resto de Administraciones Públicas.

Igualmente sería deseable una recapitulación de la cantidad de cambios que se han ido realizando entre el imaginario del proyecto, lo realmente proyectado y el resultado final ejecutado o a ejecutar. Ejemplos como el subterráneo en Bravo Murillo que aparece y desaparece, o la estación subterránea en Santa Catalina a la que se parece haber renunciado, no sólo demuestran la improvisación que ha caracterizado todo esto, sino nos hacen temer un resultado final “low cost” de un megaproyecto en costes y molestias que sería imposible de justificar.

Acerca del desastre de ejecución de las obras -ni un solo tramo de los empezados ha concluido aún- y el suplicio que a vecinos y comercios de zonas como C/ Galicia, Mesa y López o el Cono Sur les está suponiendo tanto el retraso, como la absoluta ausencia de información; o sobre la marginación que la MetroGuagua está suponiendo para otros elementos de movilidad, como el taxi o el transporte de mercancías, ningún esfuerzo se debe realizar por lo manifiesto del despropósito general.

La reflexión que les planteo se adentra en un aspecto desconocido para el público, incluso que pudiera resultar contradictorio, pero preocupante para Guaguas Municipales y quienes la queremos. Y es que la MetroGuagua está suponiendo un enorme peso, en ocasiones un auténtico yugo, para la empresa municipal de transporte y generando unas consecuencias que sufren los usuarios y sus trabajadores. El Ayuntamiento va por un lado con las obras, a cada cual más desastrosa y con mayor retraso, y Guaguas Municipales va corriendo detrás para tapar los líos en los que el Ayuntamiento la mete, convencer con retraso de las bondades del proyecto y, al tiempo, inspeccionar que lo ejecutado permita operar a sus vehículos. Como seguro entenderán, así es imposible que la empresa avance en otros campos al ritmo que deseamos los que creemos que el transporte público es el pilar fundamental de los sistemas urbanos de movilidad.

Veamos ejemplos concretos. Cuestiones esenciales de su funcionamiento, como la renovación de flota de vehículos de forma estable y programada (15-20 vehículos / año) que impidan las incorporaciones de 85 vehículos de golpe, demostración de la carencia de vehículos durante los años anteriores; la incorporación puntual de personal que evite servicios sin cubrir o imposibiliten refuerzos; la continua adaptación de la oferta de servicios a las necesidades de movilidad de los usuarios; o la actualización de las infraestructuras de apoyo, dependencias para trabajadores o los sistemas de información y ayuda, tanto a usuarios como a la explotación del servicio, o de comercialización (sistemas de venta y recarga de bonos, atención al cliente, etc.). Todos estos aspectos esenciales del día a día llevan demasiado tiempo condicionados por las urgencias que provoca la deficiente forma de implantar la Metroguagua. Guaguas Municipales lleva tres años siendo el bombero que intenta apagar los incendios que la Metroguagua y el Ayuntamiento generan, con un personal y un equipo directivo que hace malabarismos para, con fe ciega y lealtad absoluta hacia el proyecto de la Metroguagua -por muy mal que se esté implantando-, seguir siendo la solución de movilidad para una mayoría de la ciudad.

¿Por qué tras el histórico cambio tecnológico que supuso en 2013 el paso de la tarjeta magnética a la tarjeta sin contacto recargable ningún avance se ha dado? ¿Cómo se explica que aún hoy no podamos recargar los bonos por internet, o no podamos pagar la guagua con el teléfono móvil, se siga con la misma app de información en tiempo real que el PP creó en 2014, o se siga sin contar con información visual de la siguiente parada en dos idiomas dentro de los vehículos?

Podría proponerles varias preguntas similares, como la escasez de servicios en zonas de la ciudad en continuo crecimiento, como el Distrito Tamaraceite – San Lorenzo – Tenoya, o la obsolescencia de las encuestas origen – destino que se disponen, o la ausencia de coordinación con el transporte interurbano que discurre por el centro de la ciudad a lo “ancha es Castilla”, y seguro que a usted se le ocurren otras tantas (wifi en las guaguas, visualización del sitio exacto de cada guagua en el móvil, etc.). El error no reside en la empresa, ni mucho menos en quienes forman parte de ella, pues ya demostraron entre 2011 y 2015 de lo son capaces. El error está en la MetroGuagua y el cómo se está haciendo. Muchos en la ciudad estamos sufriendo ese cómo, y paradójicamente, Guaguas Municipales también.

Ángel Sabroso

Fue presidente del Consejo de Administración de

Guaguas Municipales entre 2011 y 2015.

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